El cristiano y la música secular Parte 4
El modelo de los tres hebreos.
Ya hablamos sobre el radicalismo evangélico en el que como cristianos a veces caemos. Radicalismo que es justificable cuando la Biblia es radical sobre un tema; sin embargo, deberíamos ser flexibles en esas áreas donde la Biblia guarda silencio.
También hablamos de la posible razón por la cual muchos radicalizan su postura de que toda la música secular en moralmente mala. Y por último, hablamos acerca de separar la carnita de pollo de los huesecitos. ¿Lo recuerda? En esta ocasión usaré un pasaje bíblico para comenzar a establecer cuándo podría ser malo escuchar música secular y cuándo no.
CRISTIANOS IMPOSITIVOS.
Al inicio de esta serie comenté que la verdadera pregunta con relación a la música secular no debería ser si “podemos” o “no podemos” escuchar dicha música; sino si “debemos” o “no debemos”. ¿Por qué? Porque de poder todos pueden, todos son libres de hacer lo que quieran. Hasta el mismo Pablo afirmó: “Todo me es lícito pero no todo me edifica. Todo me es lícito pero no todo me conviene”. El hecho de que todo nos sea lícito significa que podemos hacer cuanto queramos; sin embargo, el cristiano comprometido, según Pablo, se hace preguntas más de fondo: ¿Me edifica? ¿Me conviene?
Lamentablemente los evangélicos somos una subcultura un tanto extraña y contamos con muchos adeptos que les encanta imponer sus pensamientos sobre los demás. Gente que cree algo y que no se queda allí, sino que cree que todos deberían creer como ellos porque su forma de pensar es la bíblica y la correcta. Usted lo sabe, el cristiano debe abrazar los pensamientos de la Palabra y entonces desarrollar convicciones que le ayuden a vivir la vida cristiana, ¿no es cierto? Se abrazan los principios y valores de la Escritura porque uno decide hacerlo, no porque otros nos los impongan. Tristemente hay muchos líderes que imponen sus convicciones sobre otros violando las conciencias de quienes los siguen y esto se agrava cuando esos seguidores aceptan dichas imposiciones. De allí el dicho: “Hay líderes que son ignorantes… ¡Y más ignorantes quienes los siguen!”
Fíjese: no estoy hablando de imponer sobre otros ideas contrarias a las Escrituras. Estoy hablando de imponer sobre otros convicciones y conductas que son correctas delante de Dios. ¿Tienen algo de malo esas convicciones y conductas? No, el problema es imponerlas. En el caso de la música muchos cristianos son amantes de la imposición. Por eso cuando alguien oye que a otro le gustan ciertos géneros y ritmos musicales distintos a los suyos inmediatamente se alarma y busca imponer sus gustos y preferencias sobre esa persona. Esos cristianos se caracterizan por apasionarse desmedidamente cuando se habla sobre música. Puede suceder en una casa de oración o célula, puede ser durante una salida a comer con los amigos o puede pasar en una conversación espontánea después del culto de la iglesia. Cuando hablan de música tratan de ganar las conversaciones, vencer a quienes piensan distinto y doblarles mentalmente el brazo para que crean como ellos.
Yo no digo que en el fondo estas personas no tengan una buena intención, simplemente creo que es una señal de inmadurez no respetar el hecho de que otros piensen distinto a nosotros. Es más, no solo creo que es inmaduro sino que también es legalista imponerse sobre la forma de pensar de los demás. Estas personas olvidan que los gustos y preferencias personales son eso: gustos y preferencias personales. Son míos y para mí, no para otros. Claro, si luego de exponer mis convicciones musicales alguien más las quiere abrazar, genial; pero si no sucede así, ¡también está genial! Cada quien es libre de escoger lo que quiera escoger. Si pasara que alguien adopta mis convicciones realmente no me impuse; más bien, expuse mis ideas y alguien por su cuenta decidió creerlas.
EL CASO DE DANIEL CAPÍTULO TRES.
Seguramente usted conoce la famosa historia de Sadrac, Mesac y Abed-nego y el horno de fuego. El relato dice que Nabucodonosor erigió una estatua gigantesca para la cual exigió que todo el mundo se postrara y adorara. Quien no lo hiciera sería lanzado a un horno de fuego ardiente por no obedecer el edicto real. ¿Qué hizo Nabucodonosor para que todos adoraran la estatua? Usó música.
Daniel dice:
Y el pregonero anunciaba en alta voz:
«Se os ordena a vosotros, pueblos, naciones
y lenguas, que al oir el son de la bocina,
la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña
y todo instrumento de música, os postréis y adoréis
la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado;
y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente
será echado dentro de un horno de fuego ardiente».
Daniel 3:4-6.
Como sé que conoce la historia no voy a entrar en detalles. El punto aquí es que al sonar los instrumentos musicales todo mundo debía inclinarse y adorar. Simple, ¿verdad? Yo le pregunto: Cuando la música sonaba, ¿la oían Sadrac, Mesac y Abed-nego? Cuando los instrumentos emitían sus armonías, ¿la escuchaban los tres jóvenes hebreos? ¡Por supuesto que sí!
Por lo tanto, ¿es malo escuchar música secular? No, porque si así fuera Sadrac, Mesac y Abed-nego hubieran delinquido delante de Dios. El problema no es escuchar, es asentir.
Permítame explicarme.
Hay un concepto que un amigo me enseñó hace muchos años que abrió mi mente en cuanto a todo esto de la música secular. Él me enseñó algo que denomina: “Consumo Común de Música Secular” (C.C.M.S.). ¿A qué se refiere? Al consumo de música al que todos nos exponemos por el simple hecho de habitar este planeta.
Prácticamente no escuchar música secular es imposible en cualquier ciudad del mundo.
Usted está en una sala de espera… Escucha música secular.
Está comiendo en un restaurante… Escucha música secular.
Se está transportando en autobús… Escucha música secular.
Está comprando en el supermercado… Escucha música secular.
Está sentando viendo la televisión… Escucha música secular.
Está viendo una película en el cine… Escucha música secular.
¡Estamos rodeados caramba!
¿Es malo escuchar música secular? No, el problema es asentir.
Era imposible que Sadrac, Mesac y Abed-nego no escucharan las orquestas de Nabucodonosor sonando alrededor del imperio. Ellos no podían impedir que la música emitiera sus maravillosos sonidos y entraran en sus oídos, claro, a menos que se los taparan. Pero como la Biblia no dice que lo hicieran y usted no va a taparse las orejas con sus dos manos en la sala de espera, en el restaurante, el autobús, el supermercado ni ante la televisión, entonces puede comprender que es inevitable que oigamos música secular.
El problema de los jóvenes hebreos no estribaba en si oirían o no la música, sino en sí obedecerían o no la intención final de la orquestación. ¿Cuál era esa intención? Que se postraran y adoraran la estatua del rey.
El problema de la música secular es el dios o los valores que nos invita a exaltar. No es tanto la música en sí, sino que nosotros asintamos mentalmente, emocionalmente o aun físicamente ante los conceptos que las canciones nos están estimulando a rendirnos. Por ejemplo, si una canción exalta la infidelidad de la pareja y el cristiano se deleita en ella sabiendo que lo que se está exaltando está mal, entonces se está postrando ante la imagen de Nabucodonosor.
Si una canción trata sobre la rebelión a la autoridad y la disfruta hasta el punto de cantarla estando consciente de su mensaje, se está postrando ante el dios del rey de Babilonia. Lo mismo se aplica a canciones que glorifican la avaricia, el desenfreno, la inmoralidad, el irrespeto, el ocio, la autocomplacencia, el egoísmo, etc.
El problema es asentir a los antivalores que proclaman las canciones.
Cuando oiga música secular no se alarme, no crea que está pecando. Mejor pregúntese: ¿A qué me está estimulando el mensaje y la música de esta canción? ¿Me está motivando a que me deleite en cosas que honran a Dios o en cosas que lo deshonran? ¿Es correcto que como cristiano cante esta letra que ofende los valores del reino de Dios?
Cada vez que usted se exponga a la música secular aproveche para oír de qué trata, agudice sus sentidos, discierna el bien del mal y si durante dicho ejercicio encuentra alguna canción que verdaderamente no glorifica el mal, entonces dele gracias a Dios porque aun existen compositores que no son cristianos y que están escribiendo canciones que pueden contribuir positivamente a la vida de las personas.
Continuará…
Escrito por Noel Navas
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